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El sentido del tiempo en la Danza PDF Imprimir Correo electrónico
Por Silvia Alday 
 
tiempo

La danza es un arte predominantemente visual témporo-espacial. Se desarrolla en un espacio y tiempo cronológico y psicológico, y, por otro lado, produce efectos o sentimientos que van quedando en la percepción del espectador.

Al tener la danza como instrumento el cuerpo del bailarín, entran en juego, en la creación coreográfica, otros elementos que van más allá de la idea del coreógrafo y puesta en acción; la interpretación de los bailarines que necesariamente completan la idea coreográfica, y otros, como escenografía, maquillaje, vestuario, efectos lumínicos, etc., y tipo de público ante quien se pone en consideración la obra.

Conciliados todos estos elementos, la danza se muestra ante el espectador como un despliegue de fuerzas en interacción en un determinado espacio. Fuerzas que no están en directa relación ni con los físicos de los bailarines, ni con sus músculos, ni siquiera con determinado relato o narración.

Estas fuerzas son creadas para su percepción (la del espectador) y solo para ellos existen y constituyen una entidad virtual. No es algo irreal, sino una apariencia. Lo que los bailarines interpretan no es más que una aparición de poderes activos, una imagen dinámica que constituye une entidad virtual. Lo que se ve, oye y siente, son las realidades virtuales, las fuerzas motoras de la danza, su elevación y declinación, su vida rítmica.

Son los elementos de la aparición creada, que no son dados físicamente sino creados artísticamente, que va cargada de sentimientos, no de los bailarines sino de algo que pertenece a la danza misma.

Lo que se expresa en la danza es una idea; una idea del modo en que sentimientos, emociones y todas las demás experiencias subjetivas vienen y se van. En la memoria del espectador quedará no una cinta de video, sino solo ciertos momentos que lo hayan impactado o afectado, fotografías sueltas que fijó su memoria visual y auditiva, conforme los afectos que le produjera.

La obra se desarrolla en un tiempo cronológico, pero para el espectador es un tiempo psíquico e individual. Conforme la temática, técnica y otros elementos, este tiempo puede percibirse tremendamente veloz o lento.

No es un tiempo lineal ni tampoco circular, sino un tiempo que se rebate a sí mismo; un solo y único momento que se concentra en una unidad témporo-espacial única e irrepetible, difícilmente de ser descripto linealmente, en forma homogeneizada.

El movimiento no tiene su traducción en palabras, vale por sí mismo, es siempre un presente instantáneo, irreproducible, inenarrable. Es una experiencia estéticamente única y original. Por eso mismo, la danza goza de la angustia que arrastra el hombre y no podrá ser eternizada tal cual pasara por los sentidos del espectador una sola y única vez (fugacidad y virtualidad).

Puede decirse que la danza es a la vez presente y pasado. Es ahora, ya, un instante fugaz; luego, es pasado, irrevocable y no detenible.

Se preguntará qué ocurre con la introducción de la tecnología, videos, filmadoras, cine. Pues ello, ya no es lenguaje de la danza.

La intromisión de estas tecnologías es una mirada esterilizada de la realidad. Es el guante que interfiere en el contacto directo bailarín-espectador, un intermediario, una falsa ilusión de la verdadera, única y original percepción que ocurre ante la obra dancística, y por ello, aún pretendiendo copiar exactamente lo que ocurrió, jamás podrá rescatar el momento único e irreproducible de la puesta original de la danza.

Creer que la tecnología detiene el tiempo y devuelve el pasado es un engaño o quimera a la que se intenta aferrar en pos de cerrar los ojos hacia la verdadera angustia del hombre: el tiempo pasa, es un devenir constante más allá del ser humano y cualquier invención. Nada podrá detenerlo, retenerlo. La danza goza de este carácter efímero, instantáneo e irrepetible del paso del tiempo.

Pintores, fotógrafos, cineastas, han incursionado en la danza y en cierto modo, creen que han logrado retener momentos de la danza en las obras de su tipo. Pero, insisto, esto ya no es danza; será fotografía, cuadro, escultura, serigrafía o película de otros lenguajes artísticos, pero de ninguna manera danza.

¿Será por eso que no se encuentra bibliografía, reflexiones filosóficas o lecturas semióticas relativas al arte de la Danza? Por otro lado, quienes producen Danza (coreógrafos, bailarines) tampoco se sientan -la mayoría de las veces- a escribir textos sobre lo que crean o interpretan. ¿Será que el movimiento no necesita explicación de ningún tipo? ¿No necesita de dogmas, reflexiones, de intromisiones más allá de la experiencia misma de este Arte, tan difícil de definir como tan amplia su existencia desde la aparición del hombre sobre la tierra?

Los bailarines sostienen “danzo, luego existo”. Los filósofos en cambio, pretenden buscar las razones últimas del Arte, en este caso Danza, cientifizarla. ¿Es posible, necesario, útil?

Indudablemente, como toda actividad humana, la Danza necesita reflexiones, teorías, investigaciones, pero habrá que encontrar una metodología adecuada a sus especiales características.

Y deberá ser tarea del especialista de danza –pues para hablar de danza hay que hacerlo desde el lenguaje mismo de la danza– imbuido de otros conocimientos artísticos y científicos, e interrelacionarse con filósofos, sociólogos, antropólogos, etc.
 
 
Investigación para la cátedra de Filosofía de la Licenciatura en Arte, Universidad Nacional de Salta.
 
Silvia Liliana Alday: *Abogada,  Prof. Nacional de Danza Clásica, cursó y aprobó la Licenciatura de Arte ( Univ. De Salta), falta tesina. Especialista en "Evaluación y Gestión de Instituciones de Nivel Superior" - UNSa*.